"Los demonios habitan mi alma y la recorren con ansia buscando encontrar el resquicio por el que colarse hasta la misma esencia para convertir todo aquello que todavía no está corrupto en un amasijo de hierros y chatarra que ni yo mismo reconocería.
Y no descansan.
Es una lucha sin cuartel en la que nunca gano, en la que nunca termino de perder pero en la que, tengo la sensación, de ser un pelele que se mueve a su antojo, según ellos van dictando.
Aplasto uno y renacen mil y, en las noches silenciosas, los llego a oír reírse y disfrutar.
En esas ocasiones, pienso: ¿Y si, en vez de luchar contra ellos, nos aliamos, nos hacemos amigos y, así, alcanzo la paz?
Y, en ese preciso instante, lo poquito sensato que queda por ahí dentro, me da una colleja, me da dos, me da tres...y ¡Ya, ya vale! ¿Es que no puedo relajarme ni siquiera un segundo?"
¡ARTURO!. ¿Me estás oyendo Arturo? ¡QUÉ VENGAS! ¡YA!
Arturo levantó la cabeza dejando de escribir, volvió a mirar su libreta y...escribió:
"Dulces demonios que, por mucho que me atormentéis, siempre tenéis la decencia de respetarme"



